Cuando te proponen ir a una exposición, siempre me asaltan dos preguntas.
¿De quién es?
Si el artista te es conocido, ya sabrás de antemano a quién te podrás encontrar allí y, salvo gratas excepciones, el grado de pedantería que reinará en las conversaciones.
¿De qué es?
Si es de fotografía, sabrás que te gustará , que en media hora habrás terminado de ver la exposición, que podrás mantener conversaciones con cualquiera que esté observando una instantánea y que podrás usar esa imagen como entrada a una conversación que derivará en cualquier otra en un milisegundo.
En el caso de no conocer al artista o de que la exposición sea de cualquier otra arte plástica, te asaltará la duda de qué indumentaria elegir para mimetizarte con el ambiente. Yo suelo copiar al chico de El Diablo Viste De Prada y opto por americana, vaqueros no muy hechos polvo, fular, y camisa. Por fuera si la expo es muy underground y por dentro si es muy snob.
En una exposición, siempre desearás que el comisario se haya estirado y sirva alcohol.
-¿Esto no era un antiguo cine?
-Y antes de eso, un teatro- respondió Aitana-. El edificio es del siglo XIX. Se construyó en la revolución industrial y se nota que su uso inicial fue el de almudín.
Cuando la ciudad comenzó a expandirse y su ubicación fue muy céntrica, pasaría a un uso terciario. Sé que fue un teatro a principios del siglo XX. Nos tocó estudiarlo durante la carrera.
-Cada vez que os veía por el campus, en invierno, con los guantes con dedos recortados, la espalda encorvada y dibujando edificios, pensaba que estabais locos- respondió Claudio- y os envidiaba por dibujar bien.
Aitana y Claudio, entraron en el vestíbulo del edificio.
La temperatura interior, era tan gélida como la exterior. El delicado olor a humedad y madera vieja impregnaba las paredes de piedra y la vieja y desgasta moqueta grana. Los pasos de miles de visitantes a lo largo de las décadas, habían dibujado un sendero en el centro de la misma de un tono más claro.
Aitana apresuró su paso y se adelantó a Claudio. Se dirigió a un hombre de mediana edad que vestía con americana de raya diplomática de Hugo Boss, camisa blanca de La Martina y jeans azulón de CH.
Se saludaron con dos cálidos besos.
Claudio los alcanzó cuatro pasos después.
-Claudio, te presento a Néstor- dijo Aitana con una sonrisa en los labios.
-¡Hola! ¿Qué tal estás?- saludó Claudio estrechando la inerte mano de Néstor.
-Nervioso- dijo Néstor con voz nasal- soy el culpable de esta locura.
-Ya verás como todo sale bien- dijo jovial Aitana- Ya te dije en el gimnasio que los cuadros que me enseñaste son muy buenos.
-¡Son tantas cosas en las que pensar querida!- alguien captó la atención de Néstor asiéndole del codo y llevándoselo.
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| Capità-Mª Remedios Boronat |
-Para organizarle una exposición de arte a su novia, tiene que manejar- bromeó Claudio.
Aitana le devolvió un reproche con la mirada.
-Haz el favor de no empezar con tus chistes malos. Bastante es que aquí me conocen como la recepcionista del gimnasio, como para ser también la que ha traído al descerebrado de turno.
-Vale- dijo Claudio muy serio y una mirada hastiada-. A ver si te crees que no sé comportarme.
-Yo no he dicho eso.
-No es la primera vez que voy a una exposición- siguió Claudio- y si no voy a poder gastarte una broma a ti, que es con quien he venido, esto va a ser muy largo.
-Yo sólo te digo que te comportes.
-Mira ¿quieres una copa?- un camarero con un traje barato de catering, servía copas de vino blanco y rosado en una bandeja.






